Vi ayer en mi muro la trágica historia de una niña de 14 años, víctima de violación en Bangladesh, que fue azotada por adulterio hasta morir, aquí.
La reacción del lector es, por supuesto, inmediata y furibunda. Arde la sangre, por supuesto. Empiezo a ver el típico grito de "a por todos ellos", "hay que exterminarlos" y, por supuesto,los musulmanes en su conjunto, son condenados, exclusivamente. Interrumpo el hilo un momento.
Hace pocos días publiqué un artículo sobre la limpieza étnica de musulmanes en Mianmar (Birmania), por parte del ultranacionalismo budista, aquí. La última masacre cuenta con al menos 48 hombres, mujeres, niños y ancianos. Un pueblo entero exterminado. Casi nadie parecía hacerse eco fuera de nuestra página. Los budistas, al fin y al cabo, se suponen pacíficos. Tampoco vi que despertara mucho interés.
Hace otros pocos mas, aquí está el caso de una mujer joven en la india, víctima de violación correctiva en grupo (más de diez hombres), dictada por el jefe del poblado, el sarpanj, que es a la vez autoridad religiosa y cuyo poder se haya respaldado por el sistema de castas hindú.
Recientemente, aquí, hubo otro caso de una menor que sufrió dos violaciones en grupo y fue quemada viva. El norte de la India no es un buen lugar para ser mujer, con miles de violaciones al año. Aquí, el caso en Delhi que atrajo la atención internacional.
En España, en cuanto se apruebe la nueva ley del aborto, habrá mujeres y niñas que morirán a manos del carnicero clandestino, gracias al Opus Dei. Muchas otras (y sus hijos), serán condenados al ciclo de la pobreza por causa de la legislación basada en la religión.
La lista de atrocidades y atropellos parece no tener fin. La rabia y el odio hacia los que cometen esas barbaridades, más que justificado. El problema es cuando el odio por el verdugo y la religión que los legitima se extiende a TODOS en esas sociedades: el verdugo, la víctima y el agente de cambio.
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| Plaza Tahrir, El Cairo. Hombres se ofrecen voluntarios para proteger a las mujeres que protestan de las violaciones Más información, aquí. |
A éso se le llama FALACIA DEL CENTRO DE ATENCIÓN. Es una falacia argumental de generalización en la que se toma el todo por la parte elegida.
Las historias de las víctimas nos llegan porque suele haber quien habla y no está de acuerdo. En todos los últimos casos hay atención hospitalaria e intervención policial. Será más o menos deficiente, pero las hay. Eso implica que el marco legal/social y el religioso no suele ser exactamente el mismo.
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| Protestas de masa en India contra la violación. |
Y, al igual que muchos cristianos dejaron el hábito de quemar en la hoguera, hay musulmanes, hindúes, sikhs y budistas opuestos a esas atrocidades. Nada es tan simple como parece a simple vista.
En todos los casos hay activismo local de algún tipo. En India, hay agentes femeninos del instituto de la mujer que van a los pueblos apartados, para prevenir y vigilar que no haya matrimonios de niñas u otras atrocidades, jugándose el tipo. Éso hay que añadirlo a la vara que usamos para medir.
El odio y la rabia, los entiendo demasiado bien. Son mi odio y mi rabia, pero no se extienden al taxista musulmán que se pone una camisa rosa porque la palabra de sus hijas es ley, o al que está en mi muro condenando las atrocidades. Mucho menos a las víctimas.
El problema de meter víctima y verdugo en un mismo saco es simple. Se crean las bases para el Síndrome de Estocolmo, en el que la única protección que tiene la víctima es la de su agresor. Así es como hemos llegado a tener 66000 víctimas de mutilación genital femenina conocidos en el Reino Unido SIN QUE NADIE MUEVA UN DEDO.
Soy (como muchos otros) español emigrado a Gran Bretaña. Como ya dije en un par de ocasiones, también soy Rajput de adopción. Vivo en un barrio predominantemente musulmán paquistaní. Tengo ocasión de conocer hindúes y musulmanes que no tienen nada que ver con el estereotipo.
También tengo ocasión de ver en primera fila algunas de las prácticas que denuncio en esta página, y otras que no he tenido aún ocasión de publicar. Todo se andará.
La cuestión es, ¿somos gente racional, que analiza la realidad en la que vivimos, o somos devotos de un nuevo fanatismo sectario sin dioses? ¿No va siendo hora de que aprendamos que EN TODAS LAS RELIGIONES los hay que usan la empatía para tratar con otros (aún en contradicción con sus preceptos)?
Antes de ser nada, somos personas. Sin esa base material no hay nada.
DUBITO, COGITO, ERGO SUM.
Francotirador Lémur.


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